La resistencia al Curso de Milagros, a nuestro camino espiritual, nuestra liberación y nuestro alivio del dolor es algo que todos hemos sentido alguna vez. No me refiero estrictamente a los estudiantes del Curso. Me refiero a nuestra resistencia a estar bien.
¿Qué implica estar bien?
Desde la perspectiva de Un Curso de Milagros estar bien es la perfecta paz que sobrepasa todo entendimiento. No es algo a medias, la Paz Perfecta no tiene interludios de tristeza, auto-conmiseración, enojo, rencor, culpa y/o miedo. La Paz Perfecta es perfecta y eterna.
Para algunos de nosotros esta búsqueda de la Paz perfecta nos tomó casi por sorpresa. ¿Es eso realmente lo que quiero? ¿Realmente quiero la línea recta y uniforme de la paz… por toda la eternidad? La eternidad es muuuuuucho tiempo en Paz. ¿Ni un dramita? ¿Ni un dolor? ¿Nada? Sólo Paz?
¡Hijuepucha!
Suena en lo mínimo amenazante y en lo máximo aburridísimo. Un infierno de Paz, si me permiten la contradicción.
Estamos demasiado sumidos en el tiempo, pues si en el mismo instante en que te hacés esas reflexiones te preguntaran a quemarropa: ¿Querés tener Paz sólo por éste instante?. La respuesta más probable sería que si.
Sadhgurú dice an alguna de sus prédicas que la Paz jamás puede ser el objetivo, pues la Paz es la base de todo.
Y sin embargo… nos escapamos de ella como si fuera un torturador de la Santa Inquisición Española.
Y de nuevo, esto no se remite solamente a quiénes estudiamos Un Curso de Milagros, se refiere a nuestro bienestar. La verdad es que algunos simplemente no queremos estar bien. No lo dije yo primero, lo dijo Don Sigmuund Freud:
La resistencia —el intento inconsciente de sabotear lo que solo ayudará— es tan sorprendente como casi increíble, como el propio Freud observó en este diálogo inteligente y cuasi-platónico consigo mismo, tomado de La cuestión del análisis laico, escrito en 1926:
Entonces será tu destino hacer un descubrimiento para el cual no estabas preparado.
“¿Y qué puede ser?”
Que has sido engañado en tu paciente; que no se puede contar en lo más mínimo en su colaboración y cumplimiento; que está dispuesto a poner todas las dificultades posibles en el camino de su trabajo común, en una palabra, que no tiene ningún deseo de ser curado.
“Bueno! eso es lo más loco que me has dicho hasta ahora. Y yo tampoco lo creo. El paciente que está sufriendo tanto, que se queja tan conmovedoramente de sus problemas, que está haciendo un sacrificio tan grande por el tratamiento, ¡usted dice que no tiene ningún deseo de ser curado! Pero, por supuesto, usted no quiere decir lo que dice.
¡Cálmate! Lo digo en serio. Lo que dije fue la verdad, no toda la verdad, sin duda, sino una parte muy notable de ella. El paciente quiere ser curado, pero también quiere no serlo… Ellos [los pacientes] se quejan de su enfermedad, pero la explotan con toda su fuerza; y si alguien trata de quitárselo, lo defiende como la proverbial leona con sus crías (The Question of Lay Analysis, 1926, Vol. XX, págs. 221-22).
La pregunta no es nunca “¿Porqué?, la pregunta siempre es “¿Para qué?”
Desde una “satanización” del ego, está clarísimo que el ego está programado para sobrevivir y que siendo un “deseo de muerte” en si mismo, estar bien no es su prerrogativa. El sueño feliz es una amenaza real y fuerte para el ego. Implica su des-hacimiento, y la resistencia es su arma principal.
Ok, si, desde una satanización del ego. La teoría está muy bien. Ajha… ¿Cómo puedo interiorizar semejante abstracción?
Llevo semanas en una guerra feroz de resistencia. Voy y vengo, me resisto a la resistencia, me siento culpable y pierdo batallas una tras la otra.
Todos los días me siento a meditar y cinco minutos después me levanto frustrada. Trabajo hasta el agotamiento, pinto y pinto y pinto, veo pelis, pienso en hacer el Curso y un enorme tedio se apodera de mi. ¡No quiero hacer Curso! ¡No quiero hablar con nadie! ¡No quiero ayudar a nadie a ni mierda! ¡No quiero compartir nada con nadie nunca más!
Estoy harta del Curso.
Pero se que es puro drama. El Curso es mi camino, hasta a pesar de mi misma.
En éstos últimos días me vi a mi misma y me dije, después me mucho pelear: “El problema es que no creo en mi” y me resonó como un campanazo en una iglesia vacía.
¡Ah la puta! ¡Jodido! Porque si no creo en mi, ¿cómo puedo creer en algo o alguien más? Toda mi proyección se llena de desconfianza si mi creencia dice “No creo en mi”
La tristeza era un fantasma en mi pecho, sutil pero pesado.
Pedí ver la verdad y por mucho que me esforcé, no llegó nada. No llegaron lágrimas, ni sensacion alguna. No hubo reconciliación, ni resurrección… Ni medio drama.
“No creo en mi”. La sensación era sólo esa tristeza sutil.
Uhm… Me quedé en alerta esperando a que me llegara algo. Nada. Hasta la noche.
Me estoy leyendo una novela sobre una sobreviviente del genocidio bosnio. La mujer padece de “hafefobia” (El miedo a ser tocado). Las prisioneras bosnias durante este oscuro período histórico tan reciente fueron violadas sistemáticamente por años, y esta fobia es el resultado común de ésta tremenda experiencia vital.
En un momento dado de la historia y en una conversación casi casual, alguien le explica a ella que su fobia es en realidad el castigo que ella se infringe a si misma. En su defensa está su castigo y en su castigo está su defensa.
¡Bammmm! Me pegó como un batazo en la mitad de la frente.
“No creo en mi” es un castigo*. No confiar en nada, ES un castigo.
La resistencia ES un castigo.
Esta atracción a la culpa en nosotros mismos es fundamental en el sistema de pensamiento del ego, ya que la culpa es testigo de la aparente realidad de la separación. La experiencia del castigo —real o imaginado— justifica nuestra creencia en la culpa y, por lo tanto, refuerza la premisa fundamental de la existencia del ego. Dejarlo ir equivaldría en última instancia a dejar ir la creencia en la realidad de un yo personal.
Kenneth y Gloria Wapnick en Resistencia
(La historia del “no creo en mi” la contaré – o no- algún día. Baste decir que es un castigo que me lanzo cuando creo que me he equivocado en algo y que me dice a gritos: “Sea lo que sea, pará, no sabés lo que hacés”… A la hora de las horas esa vaina es puro cuento.)
Y entonces sigue lo que sigue… Tengo que ver qué hago para probar que el Curso y quién sea que me hable de él está sumamente equivocado.
Tal vez no lo hago de frente, pero lo cierro, casi inmediatamente a abrirlo. Me aburre, me cansa, me da sueño. ¡Es tan solemne a veces!
Además… ¡toda esta carajada de los hermanos! Sanarlos, perdonarlos, sentir el dolor del otro…. Fuck that shit! ¡No quiero compartir nada! Y si, si hay pérdida en el dar.
¡Vea los últimos dos meses! Tiempo, talento y tesoro…. tirados al viento. ¿Para qué?
El Curso está equivocado sin duda alguna. O yo no entiendo nada.
5. Tal vez te quejes de que este curso no es lo suficientemente específico como para poderlo entender y aplicar. 2Mas tal vez no hayas hecho lo que específicamente propugna. 3Éste no es un curso de especulación teórica, sino de aplicación práctica. 4Nada podría ser más específico que el que le digan a uno que si pide recibirá. 5El Espíritu Santo te dará la respuesta para cada problema específico mientras creas que los problemas son específicos.
T11, P VIII 5.
El secreto de la salvación no es sino éste: que eres tú el que se está haciendo todo esto a sí mismo.
T-27.VIII.10:1
Ahora… ¡Viene la pregunta de los cincuenta mil cincos!
¿Qué puñetas hago con mi resistencia?
Dejala ser, en conciencia, en observación, en una alerta tranquila y segura. Como quién ve una calentura en un chiquito de diez años.
Es sólo “resistencia”. Hay que reconocer que la estoy experiementando.
Si siento culpa por ella, me pierdo aún más. Dejala ser.
Recordá que la única decisión posible es “¿Soy culpable o inocente en ésta situación?” La respuesta si o si es que sos inocente.
Si te sentís culpable, sentilo y entregalo. Nada más.
El perdón NO es un acto. Es un resultado.
4. El perdón, en cambio, es tranquilo y sosegado, y no hace nada. 2No ofende ningún aspecto de la realidad ni busca tergiversarla para que adquiera apariencias que a él le gusten. 3Simplemente observa, espera y no juzga.
LE PII 1, 4: 1,3)
¿No querés hacer el Curso? No lo hagás.
18. ¿Qué no ibas a poder aceptar si supieses que todo cuanto sucede, todo acontecimiento, pasado, presente y por venir; es amorosamente planeado por Aquel cuyo único propósito es tu bien? 2Tal vez no hayas entendido bien Su plan, pues Él nunca podría ofrecerte dolor.
Ante todo sé auto-compasivo con vos mismo.
Si te sentís culpable, sentí la culpa y entregala.
La resistencia re-interpretada por el Amor. Dejá que se te muestre.
No hagás nada que no querás hacer. Observá nada más. Observa-TE.
Pelear contra la resistencia te dejará agotado. Ataque contra ataque… huele a ego esa vaina.
Soltate en la idea de que estás de vacaciones. Date un sabático. El tiempo no existe y nada urge. El momento en que decidás volver, el Curso y tu Maestro Interno estarán como siempre con los brazos abiertos para seguir.
Soltá la necesidad de controlar el proceso. NO lo controlás vos.
Hay una dimensión de ideas, espacio, tiempo y otro montón de yerbas similares que te dice que si depende de vos… Es la explicación de un demente sobre algo que no entiende.
¿Estás con resistencia? Confiá en vos. Tomáte unas vacaciones del Curso… SIN CULPA.
Siempre vuelve… Porque DIOS ES INEVITABLE.
Confiá, todo está bien. El Universo no se va a caer a pedazos ni estás condenado a los mil infiernos porque querés ver una peli en vez de hacer Curso….
CONFiÁ. TODO ESTÁ BIEN.
Disfrutá del tiempo libre y observáte, sin culpa, disfrutar de todo. 🙂